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La basura también es energía

El área metropolitana no ha podido reducir las 18.000 toneladas diarias de basura que envía a los colapsados rellenos sanitarios. Innumerables planes no han dado los resultados esperados, la cantidad continúa creciendo y se estima que serán unas 20.000 en tres años más.
Ante esto, hay que considerar a la basura como una importante fuente de energía alternativa, renovable y además, constante -a diferencia de las intermitentes fuentes renovables naturales-. La basura es una energía alternativa porque puede complementar y suplir a las actuales y es renovable porque se obtiene de fuentes inagotables: mientras haya un ser humano vivo, éste producirá basura.

La EPA reconoce al waste to energy como una fuente limpia, confiable y renovable. La gestión de residuos en Europa se rige por la Directiva Marco de Residuos “DME” 208/98/CE que establece la jerarquía en las opciones de tratamiento donde la valorización energética ocupa el lugar superior. Una planta que trate unas 2000 toneladas por día podría generar energía para unos 500.000 habitantes. Además, procesos que combinan la recuperación de materiales y de energía contribuyen a descarbonizar sectores clave, como el de la calefacción y la refrigeración o el transporte, y a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero del sector de los residuos. Desviar una tonelada de residuos del relleno sanitario para producir biogas evita hasta 2 toneladas de emisiones de CO2 equivalente.

Modernos procesos han disminuido sustancialmente las emisiones de agentes contaminantes, como dioxinas, plomo y otros metales pesados o monóxido de carbono, llegando a niveles no detectables por los monitoreos más sofisticados. Hoy hay más de 2.240 plantas de tratamiento de residuos con combustión en masa en la EU y vivir junto a una planta de waste to energy -como la de Spittelau -en el centro de Viena- no tiene consecuencias sobre la salud.

Adoptar una tecnología de vanguardia no implica que se dejen de implementar medidas tendientes hacia la minimización y la recuperación de recursos, garantizando que todos los materiales que puedan ser reinsertados en los circuitos productivos o reutilizados en los ciclos naturales sean aprovechados.

Invito a las ONGs ecologistas a dialogar con el necesario rigor científico sobre parámetros concretos y datos verificables técnicamente, sin agresiones ni apelaciones emocionales o basándose en realidades de años atrás.

La ciudad de Buenos Aires debe plantearse salir de la utópica ley Nº 1.854 de Basura Cero que no le permite dar el salto tecnológico de calidad necesario para situarla en la vanguardia de las cuestiones ambientales y solucionar su problema más urgente. Para tratar las más de 9.000 toneladas diarias que generará en tres años, debiera contemplar una o más plantas de tratamiento dentro de sus límites.

El cambio de paradigma ya no debe ser una opción. El aprovechamiento de toda fuente energética renovable es una obligación de la sociedad. Si además consideramos que estos lugares de producción de energía están situados en los de mayor demanda -ahorrando pérdidas y costes-, estamos ante una oportunidad inmejorable. Aprovechar el enorme potencial energético de la basura y reducir la huella de carbono, es sustentabilidad y racionalidad.